Tardes sin fin...
Una tarde puede durar siempre lo que uno quiera. Hay tardes eternas, donde llega la oscuridad del invierno y ahí sigues, plantada frente al espejo sin saber que hacer contigo misma/o ni con lo que te rodea.
En cambio, hay otras tardes efímeras, que vuelan con solo mirarlas, y esas son las mejores.
Las tardes efímeras suelen ir acompañadas de otra persona, de alguien que por más que pasen las horas, para ti siempre será la hora a la que entraste en aquel bar.
Las charlas son eternas y aunque haya pequeños silencios, las miradas siempre siguen hablando solas.
A veces pienso que la vida nos pone delante a las personas idóneas con las que compartir esas tardes... sea en aquel bar, en la playa, paseando, siempre se hacen cortas.
A ti, que me robas el tiempo del reloj con tus charlas de cuatro horas. Gracias. Gracias por escuchar mis pensamientos, darles forma, color y valor.
A ti, que me robas las palabras de la mente con tus parecidos pensamientos. Gracias. Gracias por compartir conmigo tus miedos y tus rarezas.
A ti, que me miras desde fuera del alma con tus ojos y valoras cada uno de mis objetivos cumplidos. Gracias. Gracias por mirarme con esos ojos de idolatría.
Los miedos que te carcomen siempre son los mismos que los míos, pero nada que en una tarde no podamos resolver con un café caliente y cuatro sonrisas.
Las tardes de invierno, siempre son las mejores, la oscuridad te hace ver cosas que con la luz del día no puedes ver. La oscuridad te abraza y las palabras salen con más calidez, parecen pequeños secretos que nadie escucha, solo tú. Todo queda en aquel bar, que cierra sus puertas para que nuestras palabras no se escapen.
Solo me queda decirte, a ti, que oyes mis pensamientos leyendo estas palabras, que la vida son dos días y que la distancia de los pensamientos y las almas puede ser más corta si uno quiere. Que no intentes huir de mí, porque voy a perseguirte hasta la luna con tal de que no me quites estas tardes de invierno. Que estoy aquí. Sí, aquí, al lado tuyo, siempre.
Y por último. Que no me olvides. Que aún tengo muchas palabras que decirte y las estoy racionando en una tarde de invierno por año de cuatro horas cada una con tal de que no acaben nunca.
Gracias.

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